No sé qué tiene su alma que me hace ver más allá de las nubes. Es bonito porque, a pesar de todo el dolor que me ha hecho, veo una oportunidad en cada una de sus palabras. Veo los sitios en los que me besó como si formaran parte de un sueño, de un recuerdo; de algo que, cuando yo decida, volverá a repetirse. Sólo basta con darle a un botón. Sin embargo no existe. Lo único real es esa sonrisa que se dibuja en el rostro cuando veo un nuevo mensaje recibido. Infinita.
Realmente quién sabe lo qué es bueno para nosotros. No es sano vivir deseando bebernos a morro, mirándonos con rencor mientras por dentro nos desnudamos poco a poco. Si sólo me hincaras los dientes y no tus palabras... Cada noche nos pensamos con otras personas con el único alivio de que estaremos soñando el uno con el otro. Es inútil luchar contra el deseo y más cuando lo prohibido siempre fue nuestro juego.
No hay comentarios:
Publicar un comentario