27 de noviembre de 2010. Tú me das un beso y un pétalo. ¿Sabes? Aún lo conservo. Está marchito, pero creo que mi corazón aún está ilusionado, aún está esperando a que mi cabeza lo deje sentir. Ella duda, niega. ¿Que es lo correcto? Un mes de ese primer beso después tú y yo tendríamos que haber cogido un avión, y no lo hicimos. Tú y yo. Nosotros. ¿No suena bien? Mejor que bien. Pena que sea imbécil y no lo admita. Mientras seguiré llenando mi diario con tu nombre. Y te preguntarás ¿a que esperas Lau? Bésame, bésame, bésame imbécil. Ahora es tu oportunidad, no la dejes escapar. Pero yo soy así y siempre, haga lo que haga, me arrepentiré luego de no haber hecho lo contrario a lo que todos me decían. Aunque esta vez, me parece que quiero equivocarme y de verdad.
Nadie te dijo que la vida sería un camino de rosas, pequeña y dulce Lau.
AJG
Una noche de enero, soñé que me decías algo. Sentados en la barra del bar Andén tú me amabas. Me desperté llorando.
PD: Mi idiotez no tiene límites.
Me parece que me debes un sí quiero
Y yo un viaje, dos besos, tres abrazos, cuatro miradas, cinco tequieros, seis promesas, siete lágrimas, ocho preguntas, nueve insultos y mil disculpas.
Huele a San Valentín
¿Y que se supone que se debe hacer este día? Por mi parte, ser feliz. Pero no es nada nuevo, eso lo hago siempre. Será que hace ya tiempo que dejé de creer en el amor verdadero, en las promesas, esos siempres no valen nada. Llámame idiota, tan sólo soy realista. 'Feliz primer día de San Valentín juntos, Lau' me dijiste un día. No te faltó razón pequeño ingenuo, primero y último. Será esta una de las muchas razones que tengo para no creer.
-Enamórate Lau, no tengas miedo a los problemas, no huyas de algo que no existe. Pero mira que te lo tengo dicho, no seas cría, vive y siente, que luego para lo que pasa.
La última sonrisa
Si te preguntaran cual es la palabra más triste, ¿tú que responderías? Yo, sin duda, diría que es último. Es verdad, si no fíjate: todas y cada una de las frases que contienen esa palabra son tristes. El último adiós, la última galleta de la caja, el último beso, el último chicle, el último te amo. Sin embargo, yo creo que lo que más duele es el último día. Si, es el último día de verano dónde recuerdas todos los demás y piensas 'joder como no hice esto y aquello', el último día de colegio cuando ves como todos tus compañeros están a un día de alejarse de ti y que nunca más volverán a ser eso: compañeros, el último día del año cuando te viene a la cabeza el primer día de ese año y recuerdas todas y cada una las veces que reíste y lloraste y discutiste y abrazaste y besaste, TODO. Siempre hay algo, una pequeña nostalgia que te atrapa cuando algo se acaba, porque sabes que nunca, nunca, nunca se volverá a repetir. Pero hazme caso, guarda todos y cada uno de los momentos y recuerda que cada día puede pasarte algo alucinante. Sólo hay un dieciséis de febrero de 2011, sólo hubo un veintisiete de de diciembre de 2010, sólo habrá un primer beso.
Y vivieron felices
Si lo piensas esto es como un cuento, pero no un cuento de princesas encerradas y príncipes azules. No tiene que ver con eso, aunque quizá un poco. Mira, yo te explico. Todo, absolutamente todo, era una MIERDA. Sí, con mayúsculas. Una gran mierda de esas que se te pega al zapato y no la quitas ni mañana. Pues eso era, hasta que apareció él. Bueno puedes llamarlo príncipe si quieres, yo lo llamaría gran idiota. Eso es. Bueno el gran idiota se enamoró de la gran idiota, o sea yo. Todo se volvía de color de rosa... bueno prefiero el verde a decir verdad. Y claro, algo tenía que joderlo. Nada es perfecto. Entró en acción el Chuloplaya, lo que conllevó a la Cuentacuentos, y lo que conllevó a las mentiras. Sí, es todo una cadena, una puta cadena si me lo permites pero eso sucedió. No sé exactamente que pasó después en realidad. Creo que los grandes idiotas se fueron queriendo más y más, y se fueron haciendo más y más daño. Y claro, llegó la guinda del pastel. Mr. Aguafiestas, como tú lo llamas. Es el mejor chico del mundo, ¿el defecto? Que no me hizo suficiente daño para que lo quisiera. Si, los chicos tenéis que hacer daño para que eso surja. Ya está. ¿Fin? Lo dudo, aún queda mucho de esta historia, me parece a mi que mu-chí-si-mo. Pues punto y aparte.
Maldito veintisiete
¿Que podría decir en momentos como este? ¿Que me has sorprendido, mentido, engatusado, engañado, decepcionado? Quizá no sirve de nada lamentarse ahora. Yo tampoco soy perfecta, ni ella, ni ella, ni ella. No sé si me entiendes. Yo tan sólo pedía un gran abrazo en los malos momentos, un primer beso, una canción. Yo esperaba un te quiero bajo las estrellas de Baiona, una rosa, tres mil sonrisas. En realidad me has llenado la cabeza de pájaros, o el pájaro de cabezas. No sé que tienes ahí dentro, en ese cacho de trozo de mingurria de cerebro de hombre ahora, mientras que lees esto. Tampoco sé lo que tienes mientras estoy escribiendo, y me parece que tampoco lo sabré cuando tengamos veintisiete años. Sí, veintisiete. Ni uno más, ni uno menos.
¿Empezamos de nuevo?
Al final resultó que ninguno de los dos sabía querer
Palabras de una eterna enamorada que aún busca las razones que la llevaron a escribirlas.

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