Después de tantas noches hablando hasta que nos daba el sueño (y a veces aguantándonos por no dormirnos) pude darme cuenta de que mi ilusión crecía sin medida. El día de Santa Cecilia, la patrona de los músicos, se celebra en la asociación cultural con un concierto de música de la banda. Yo, por supuesto, iba a acudir para verlo tocar, o más bien, para ver que sentía en realidad.
"Tienes un admirador en la banda"- me dijeron al acabar el concierto. Al poco rato apareció él, con un clavel rojo en las manos (que le habían dado a todos los músicos). Me dijo: "no te doy dos besos porque estoy sudando como un cerdo". Y me dejó un pétalo sobre la mesa mientras se iba con una sonrisa en cara. Yo en ese momento ya me había enamorado de sus rizos, de su sonrisa de medio lado y de su manera especial de pronunciar la r. Por supuesto, yo guardé aquel pétalo como un tesoro que aún conservo ahora.
El 29 de noviembre de 2010 comenzaba nuestra tanda de privados con un "JEFA, LA AMO". Yo en ese momento me volví loca, o algo parecido. ¿Con qué se suponía que tenía que contestar yo a eso? Me limité a seguirle la broma hasta que comenzamos a acabar cada mensaje con un te amo.
Me moría de amor cuando me enviaba un mensaje diciendo "¿Qué tal te ha ido el día?. Gastamos tanto dinero en mandarnos sms diarios sin apenas conocernos que teníamos que ser algo, algo especial.
Corrían los días entre palabras bonitas y bromas. Decidimos vernos el 20 de diciembre, así que bajé hasta la casa de su tío (que estaba a cinco minutos de la mía) haciendo honor a mi mote: con una sonrisa infinita. Estaba tan nerviosa que lo único que se me ocurrió hacer fue gritarle "hola feo". Creo que me arrepentí nada más hacerlo. Yo no sabía qué hacer así que corrí a comprar chucherías para matar el rato. Después lo acompañé hasta la cultural charlando. La gente nos veía, alguna saludaba, pero nadie sabía en todo lo que nos íbamos a convertir tiempo después (en mi opinión, demasiado tiempo). Al llegar le ofrecí un chupa-chups pero se negó rotundamente. La despedida fue extraña y tengo que decir que mis nervios me la jugaron un poco. Se notaba que había algo en aquel abrazo, mucho más que amistad. Nosotros todavía no sabíamos que en esas escaleras donde nos estábamos abrazando íbamos a pasar tantos momentos, buenos y no tan buenos.
Uno de los grandes días de esta historia se aproximaba: el 26 de de diciembre, aniversario de la banda. Después de tener mil charlas sobre nuestros sueños, Álvaro y yo coincidíamos sobre todo en uno: Italia. Tuve una idea magnífica para regalarle por Navidad, así que compré una caja de latón donde ponía Roma en la tapa y creé nuestros propios billetes para Italia. Para terminar, añadí el chupa-chups verde que no había querido anteriormente. Lo empaqueté todo y me dirigí a ver el concierto de la banda. una vez más. Estaba increíblemente nerviosa, y ese día fue una encrucijada de caminos. Quizá conocí personas que no debí haber conocido en ese momento. "Agua, azucarillos y aguardiente". Al terminar el concierto, subí a ver la tarta y a darle mi regalo, pero él se resistió un poco hasta que la cogió.
![]() |
| "El viaje incluye un paseo por Venecia, un viaje en góndola al atardecer, una boda a la luz de las velas y un abrazo de oso" |
Nuestro primer período de esta historia llegaba a su fin con un curioso mensaje que llegó a mi móvil el 29 de diciembre, unos días antes de la fiesta de fin de año: "Tengo que decirte cosas. En fin de año quiero liarme con Marta, ya no me gusta, es una cuestión moral. Te dije que esa noche es para desfasar. Si lo mío no triunfa y lo tuyo tampoco ya sabes. No sé que te parece pero es una espina que tengo clavada. Lo siento. Esto será un secreto. Tú siempre serás mi princesa, Laura".
Yo no podía creer lo que estaba leyendo, pero debía aceptarlo porque, al fin y al cabo, él y yo no éramos nada. No puedo describir el tiempo que me pasé llorando después de esa gran decepción que me traía el destino. Sentía que todo lo que me había dicho eran mentiras, que le seguía gustando su amor pasado y yo no era nadie. Todas mis amigas se enteraron de lo ocurrido y le adjudicaron calificativos horribles para que yo me sintiera mejor. Al final pasó lo que pasó: todo y nada a la vez. Fue nada más que un tropiezo del destino para que no estuviéramos juntos esa noche, y así fue. Ese 2011 que comenzaba estaba lleno de sorpresas para Álvaro y para mí, no buenas por supuesto. Aún había que esperar mucho para eso...
Por lo tanto, comenzamos el año separados, igual que lo terminamos. Cada cual había empezado otro tipo de relación muy diferente con otras personas, y yo no podía estar más triste y decepcionada. No sabía qué pasaba por su cabeza, ya que parecía tener yo la culpa de todo. Me propuse olvidarlo todo, algo inútil ya que lo vería cada semana en el ensayo de la comparsa de Matamá, a la que me había apuntado semanas atrás porque él me había insistido.
Entre discusiones, disculpas, mentiras y privados fuimos entrando en el año poco a poco, ansiosos de que llegara el esperado "Entroido".
Para complicar más las cosas llegó, casi como para socorrerme de quien debía haberme socorrido, ÉL, la persona que más necesitaba en esos momentos. M cambiaría el rumbo de esta historia tal y como la conocemos ahora, no sé si para bien o para mal, pero ahí estaba.

No hay comentarios:
Publicar un comentario