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Andar descalza, el verde, los helados de chocolate y avellana, sonreír, mirar el cielo, PINTAR, el mar, besar, la pizza, quedar con LSLO, el olor de los libros antiguos, coleccionar tazas, el arte, VIAJAR y verte al despertar. A veces me enamoro.

sábado, 23 de febrero de 2013

Capítulo 1

DEL PASADO AL PRESENTE

Sin tener idea de lo que ocurría e inmersa en una relación que no tenía remedio, no fui testigo de que el 16 de septiembre de 2010 nacía algo importante, una historia que iba a marcar mi vida para siempre. Michelle, con su viejo camisón, abría la puerta para encontrarse con un ramo de 13 rosas rojas. Esta historia cautivó a     quien la leía, incluso a mí, que no sabía que iba a aparecer en ella semanas más tarde.¿Su autor? El chico que cambió mi vida.
Se aproximaba octubre de 2010 y yo me encontraba en un laberinto sin salida. Perdida. Sola entre un montón de gente que seguía con sus vidas y yo no sabía qué hacer con la mía. Cierto día, él me recomendó que agregara a un chico que escribía muy bien y que tenía una gran historia entre manos. Un poco cortada, lo hice y él me aceptó en seguida. Fue entonces cuando me enganché a la mejor historia que había leído: "Érase Michelle, la chica del vestido azul a rayas blancas y el hombre calvo que siempre llora". Me pasaba los días consultando su perfil para ver si había escrito un nuevo capítulo, 32 en total. Al final acabamos compartiendo unas palabras, conversaciones banales. ¿Qué tal? ¿Para cuando el siguiente tomo? Me encanta lo que haces. Las cortas conversaciones se convirtieron en charlas de tardes enteras. Entonces, llegó el día: mi 16 cumpleaños, el cuatro de noviembre. Para mi sorpresa, él tenía algo muy especial preparado para mí. Fue tan especial que todavía lo recordamos con una sonrisa en la cara: nació el mejor mote que me habían puesto nunca. La chica de la sonrisa infinita. Nada más decirme que había acabado el siguiente capítulo, me dirigí de cabeza a su perfil para engullirlo.
"(...) Michelle siguió andando y tras una cristalera como unas jóvenes chicas cantaban cumpleaños feliz. Michelle la trató de tararear pero no podía. ¿Es que no te acuerdas, Michelle? La chica cumpleañera (que cumplía 16) lucía una hermosa corona de plástico que sus amigas le habían comprado. A Michelle, que le encantaba poner motes, le encontró uno muy original: la chica de la sonrisa infinita. (...)"
Yo no podía creer lo que leía. Me sentí la persona más especial de la Tierra y más aún después del gran fracaso amoroso que me había marcado tanto. Ese chico era como una pequeña luz en mi mundo lleno de oscuridad. Me estaba salvando.
A partir de ahí comencé a escribirlo por todas partes. Estaba en primero de Bachillerato, un curso bastante ligero comparado con el que nos esperaba, y en clase habituaba a soñar y a imaginarme como sería escuchar mi mote de sus labios. No podía estar enamorándome. Aún no. Pero lo cierto es que Álvaro Jurado García hizo lo que pudo y lo que no, lo que quiso y  lo que no quiso; me dio amor y sonrisas, lágrimas y noches en vela, TODO y NADA. Álvaro hizo lo imposible: hacer latir a un corazón roto.
"Significaba ELLA y eso, a pesar de ser cuatro letras y sonar como tres, ya era mucho."
Aquí empieza la historia, no sé si más bonita, pero sí la más sincera que os puedan contar.

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