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Andar descalza, el verde, los helados de chocolate y avellana, sonreír, mirar el cielo, PINTAR, el mar, besar, la pizza, quedar con LSLO, el olor de los libros antiguos, coleccionar tazas, el arte, VIAJAR y verte al despertar. A veces me enamoro.

jueves, 14 de febrero de 2013

Donde las sonrisas se hunden

Allí todo es de color gris y tres letras recorren cada esquina. Fin. Es donde se arrinconan los besos rechazados y el calor cuando llega el invierno. También los corazones rotos y las tardes de lluvia. Allí acabó su sonrisa infinita. Nadie la ha visto desde entonces. Se dice que ahora solo aparece en sueños y siempre de la mano de la suya.
Parecía que todo seguía igual en el exterior. Fuera, las enredaderas aún estaban unidas a aquel poste enfrente del banco donde siempre se besaban. Las ramas no se separaban del pilar como ella de él cuando daban las nueve en punto. El campo de fútbol, húmedo, todavía no estaba cansado de verlos sonreír y bailar, correr y cantar, pero sobre todo preparar el venidero carnaval. Ahora vendían orejas y filloas en la panadería a la que acudieron en su primera cita a comprar pan. Los patos, cansados del frío, se acurrucaban unos con otros. Pero ella ya no sabía con quien acurrucarse, ya no tenía unos labios para besar y un oído al que susurrarle "te amo". Solo una cosa: nada.

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