A una semana de la increíble fiesta del Carnaval, yo veía imposible que no pasara algo con Álvaro esos días tan sonados ya que, a pesar de lo ocurrido, seguía loca por él y sus rizos. Se acaba el tiempo, llegaba el viernes de Tomiño y yo no sabía que hacer con la relación que había empezado a brotar. Al final, dejé todo, todo por amor, y nos adentramos en los curiosos días de Carnaval que nos esperaban.
Álvaro me había prometido unos carnavales juntos, de la mano. Me había propuesto empezar lo que no había podido ser a principios de año. Yo, por supuesto, no podía creérmelo: una segunda oportunidad para los dos.
Desgraciadamente, esa segunda oportunidad se esfumó en cuanto olvidó todo lo que me había prometido y me dejó sola, yéndose a los asientos traseros... Todo acabó en llanto, pero me dije a mí misma que no iba a pasar unos carnavales así, por lo que me espabilé e intente sobrellevarlo lo mejor posible, con mis deslices.
Y así pasaron los días: viernes en Tomiño, sábado en Vigo y domingo en Redondela y Matamá. Al llegar el lunes comenzamos a hablar (no, no se había olvidado de mí). Estábamos los dos en la terraza, y no solos, pero fue mágico. Disfrazada de mimo, le dejé una pequeña mancha negra de maquillaje en sus labios. Volamos. Nos juntamos con el cielo y las nubes. Y volvimos a bajar para sonreírnos.
Sin embargo, volvimos a la realidad, a tierra firme, y todo volvió a ser igual de horrible que antes. El amor que yo sentía por él seguía ahí, pero todavía era demasiado lista como para dejarme vencer y seguí mi vida. Al fin y al cabo, eran los primeros carnavales que participaba en la comparsa y decidí aprovecharlos como pude, junto con unas pocas lágrimas. Otra decisión fue la de olvidar a Álvaro, pero esta vez en serio (de aquella creía que iba a ser capaz).
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| "En Carnaval todo puede pasar" |
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