- Laura
- Andar descalza, el verde, los helados de chocolate y avellana, sonreír, mirar el cielo, PINTAR, el mar, besar, la pizza, quedar con LSLO, el olor de los libros antiguos, coleccionar tazas, el arte, VIAJAR y verte al despertar. A veces me enamoro.
miércoles, 24 de abril de 2013
Una última mirada
"Recuerdo el brillo de tu rostro la primera vez que te vi. Supe entonces que todo tiene su origen en una mirada. Mi padre y mi madre, y también los tuyos, sólo necesitaron encontrarse el uno al otro durante una breve fracción de segundo, apenas un parpadeo, y eso les hizo establecer un lazo inmarchitable, hasta el fin de sus días. Todo nace justo en ese momento, cuando dos miradas coinciden y de pronto el tiempo se comprime en un solo segundo donde yacen el pasado, el presente y el futuro a la vez. De pronto ya nada importa. Es como si el mundo se hubiese resumido a sí mismo en un punto y a partir de él cualquier cosa fuera sencilla. A mí me pasó algo así al conocernos. No me hizo falta pensar demasiado para poder estar segura de que en ti había visto mi propia vida. Fue rápido, tan rápido como el batir de alas de un colibrí, pero experimenté el cristalino discurrir de las aguas mansas y la altura del cielo; estaba ebria de emociones y me creía capaz de expresarme, de sacar afuera mi alma. Verte creó un paisaje en mis retinas, me hizo asistir al alumbramiento de mi mente, en la cual no había sitio para otra cosa a no ser tú. Ojalá pudiera explicártelo. Mientras tu rostro siguiera frente a mí, lo demás no existía, porque detrás de las cosas siempre estaba esa mirada tuya. Me pareció haber encontrado la eternidad. Cada segundo se demoraba en aquella sensación. ¿Podía ser la felicidad? Yo al menos pensaba de esa manera. Una simple mirada había sido suficiente para alumbrar nuestro destino. Hasta perdí el miedo a morir. Algunos años después, una noche tuve una pesadilla. Estábamos en cama, dormidos, y de repente, no sé cómo, nadábamos en el Mar Rojo. Tú te agitabas mucho y casi no conseguías mantenerte a flote. Yo quería ir hacia ti y te gritaba para darte ánimos, aunque no me oías. Luego se abrió un gran abismo entre los dos y comenzaron a pasar en medio los israelitas. Iban lentos y tú no ibas a conseguir aguantar mucho más. Pedías socorro y me mirabas aterrado. Te juro que tu cara me dio un miedo enorme y por eso cerré los ojos, no quería verte morir. Gracias a dios, conseguí despertarme; nunca me habría perdonado dejarte morir en mi sueño. Te busqué a mi lado, en la cama, sin encontrarte. Tú te habías ido y en la casa no se oía nada salvo el grifo del agua en el cuarto de baño. Fui rápidamente y te encontré allí, bajo la ducha. Llorabas y al verme me enseñaste tus muñecas con cortes en ellas y sangrando con profusión. No sabía qué estaba sucediendo. Quería decirte lo mucho que te adoraba y sin embargo no fui capaz de hacerlo; ni siquiera me acerqué a ti y en lugar de eso corrí al teléfono. Te llevaron al hospital y a la mañana siguiente, al abrir los ojos y verme, pretendiste que todo iba bien e incluso bromeaste. A mí me costaba reconocerte. Tampoco podía recordar tu rostro de la primera vez, cuando nos conocimos. En aquellos ojos donde yo creía haber visto un brillo especial, acaso luz, ahora ya no veía otra cosa que unos ojos completamente cerrados al mundo, pendientes de la oscuridad interior, que nunca se disipa y en la cual uno recuerda todas las miradas que se cruzó en la vida y que hoy permanecen sepultadas entre sombras."
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario