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Andar descalza, el verde, los helados de chocolate y avellana, sonreír, mirar el cielo, PINTAR, el mar, besar, la pizza, quedar con LSLO, el olor de los libros antiguos, coleccionar tazas, el arte, VIAJAR y verte al despertar. A veces me enamoro.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Nadie dijo que sería fácil, pero tampoco imposible.

Pequeña y dulce Lau,
ahora que te escribes a ti misma porque tus pensamientos no tienen destinatario
ahora que buscas en algún momento del pasado qué has hecho mal
ahora que ya duermes, y sonríes, y vuelas sin miedo a caer
ahora que eres tú misma y no algo diferente
ahora puedes vivir.

Desde fuera se va volviendo más evidente la realidad, en fin, todo. Lo que creía y lo que no. Qué es eso de que si te quiere no te deja ir. Cómo sabe el dolor. Por qué duele la mentira. Quién estará ahí para siempre. Y las preguntas fueron como piedras en el alma, pero las verdades en el corazón. Desde fuera veo todo alejándose, como si de un tren se tratase. Y huyo. No hay un lugar lo bastante remoto como para olvidar para siempre, pero sí para dejar de lamentarse por las noches. Y ahí me encuentro ahora. Es bonito, pero todos saben que nunca se está ahí eternamente, que normalmente viene alguien y te hace olvidar. Dicen que algún día dejaré de ver su cara al acostarme, de verlo en la multitud, de esperar una señal, de frenarme al pasar por ese lugar. Dicen que algún día se despertará y dará lo que fuera por ver mis piernas entre las sábanas y no las de otra cualquiera, mis ojos desde el escenario, mis dedos sobre el piano. Pero no, pues quienes lo dicen están muertos,






cansados de esperar.

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