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Andar descalza, el verde, los helados de chocolate y avellana, sonreír, mirar el cielo, PINTAR, el mar, besar, la pizza, quedar con LSLO, el olor de los libros antiguos, coleccionar tazas, el arte, VIAJAR y verte al despertar. A veces me enamoro.

sábado, 9 de marzo de 2013

AMPOSTA, LA SÉNIA, TARRAGONA (2)

Nos fuimos despertando todos sin llegar todavía a nuestro destino. Entre alguna parada y bostezos, se nos fue abriendo el apetito de nuevo así que empezó a desaparecer la comida que llevábamos. Álvaro y yo nos hicimos rápidamente con unos zumos de melocotón (nuestros favoritos) y repartimos para que pudiéramos disfrutarlos todos juntos. Sonreía de nuevo.
Al mediodía todos pudimos ver cómo entrábamos en una pequeña villa "deshabitada". Enseguida llegamos al Amposta Park, donde dormiríamos las siguientes noches. Corrimos a llevar nuestras cosas a las habitaciones, cansados de todo el viaje. Mi habitación, la de las chicas, se encontraba junto al lado de la de los chicos, cosa que a todos nos pareció bastante divertido e interesante.
Nuestra estancia allí fue bastante peculiar: comida carcelaria, llaves inservibles y camas incómodas. Recuerdo que cierto día, como no queríamos tomar de postre una naranja, nos hicimos un pequeño zumo espachurrándolas en la mesa. A pesar de todo, calificaría esos días como algo apasionante (es que lo mejor aún está por llegar).
Los músicos se fueron a ensayar para el certamen, que tenía lugar al día siguiente. Mientras, yo recuperaba las horas de sueño en la habitación de las chicas. Esa misma noche se jugaba un Barça-Madrid de los muchos de ese mismo mes, que había cuadrado así. Por lo tanto, cansados del clásico, salimos todos fuera a respirar un poco de aire y los chicos a jugar al fútbol. Me puse una sudadera robada y me senté en el césped artificial sin sacarle el ojo de encima a esos rizos castaños.
Llegó la noche y nos acomodamos todos dispuestos a dormir. Bueno, más bien intentarlo, porque en realidad se convirtió en un bacanal de gente yendo de una habitación a otra sin parar. Cuando la cosa se fue calmando decidí irme a mi cama con Brais, mi compañero de viaje. Desde la litera de abajo se escuchó una voz: "necesito que alguien me de mimos". No podía creer que fuera Álvaro, pero me hice la dura y esperé un rato al ver que iba una amiga a su lado. Cuando ella se fue, pensé: "quizá esta sea mi oportunidad". Entonces bajé corriendo, buscando unos brazos que me abrazaran. Y así fue...
No sé cómo ocurrió pero en un instante ya no había espacio entre los dos, solo amor. Mi corazón iba a mil por hora, ya que no me creía que al final fuera a merecer la pena recorrerme horas y horas en autobús. Juntamos nuestros labios. Nos buscamos y nos encontramos. Allí estábamos Al y yo, después de tanto esperar, consumiendo nuestras ganas de acariciarnos.Y así es como, en una habitación llena de gente, nos trasladamos al paraíso.
"Tras la pequeña cristalera de la habitación se escondía la luna de la primavera, que parecía observarnos con su sonrisa, la misma que tenía mi corazón por ver aquellos ojitos de color caoba recién cortada"
La noche concluyó con más juegos y risas para que, al final, todos acabáramos agotados y cada uno en su respectiva cama. Yo, en la litera de arriba, pensaba en lo que acababa de ocurrir. No podía estar más enamorada de ese chico.

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