AMPOSTA, LA SÉNIA, TARRAGONA (3)
A la mañana siguiente nos despertamos todos quejándonos de lo cansados que aún estábamos. Álvaro desapareció de mi vista hasta la hora de comer porque se había ido a montar todo al lugar del certamen. Mientras, nos divertíamos los demás con un divertido pompero que me había traído de Vigo.
Por la tarde nos dirigimos todos a donde se realizaría el certamen, el lugar ruinoso por el que habíamos pasado anteriormente. Competían contra otras tres bandas: Valencia, Barcelona y Murcia. Entonces, comenzó el pasacalles y con él mil fotos que saqué. Cuando llegó a su fin intenté aproximarme a él (no podía creer que ya lo echara de menos), pero lo sentí extraño y no quise molestar. Por fin llegó el momento de salir al escenario y estaban todos los músicos de un lado para otro, nerviosos. En cambio, no todo resultó como esperábamos: quedamos de últimos. Esto a Álvaro le sentó fatal porque habían trabajado mucho, pero al resto lo tomó como una excusa más para salir de fiesta.
Por la noche celebraron lo no-sucedido entre alcohol y juegos. Yo me fui a dormir (esta vez sola) porque no podía conmigo. Cuando salió el sol, nadie era consciente de que todo había acabado porque aún nos quedaba un día entero en Portaventura, una excursión a la que Al no asistiría porque se iba a ver a su familia andaluza. Entre el ajetreo de los instrumentos y de la prisa por partir no pude despedirme de él, que se iba en otro autobús. Me sentí vacía y con ganas de llorar. Aún así pude disfrutar del día siguiente y de una noche en el autobús con todos muy divertida.
Así fue como Tarragona llegó a su fin, como tuvimos que recorrer cientos de kilómetros para estar a milímetros. Lo que no sabíamos era que, mientras yo iba rumbo Vigo y él hacia Córdoba, no solo nos estábamos separando físicamente, sino emocionalmente. Fue el fin de una primera etapa de nuestra relación, el fin de los mensajes diarios, de las confesiones a media noche, de las promesas sin cumplir. Nos separamos (yo creía que para siempre) porque su indiferencia sobre mis sentimientos era algo que no podía soportar, y porque estaba cansada de escuchar mentiras de un poeta. Fue entonces cuando comencé algo nuevo, muy distinto de lo que ya conocía. Mi vida era un caos.
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